Publicado el 8 de agosto de 2025.
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[Mi respuesta a «José Luis» suscita otra, directa, de «M.», dirigida al propio «José Luis», y cuyo contenido podrá deducirse, con un mínimo esfuerzo, del examen de mi intervención, que ofrecemos a continuación.]
Apreciada M.,
Me gustaría destacar algunas de las operaciones que llevas a cabo en tu respuesta a José Luis. Como ellas son muy apretadas, comentar unas pocas de sus líneas me llevará a mí bastantes más.
Dejemos para más adelante la colectivización que efectúas cuando te refieres a «la gente de este hilo»; adelanto ya que me parece injustificada, pero, como acabo de indicar, me encargaré de ella más tarde. Me gustaría centrarme ahora en lo siguiente que mencionas: el «detalle» de «lo que se considera unas vacaciones relajantes o no» («en vez de entender el sentido [del] mensaje»).
Vamos a ver: en un correo que se titula «vacaciones no para todos»; cuya primera frase es «Vacaciones que no siempre lo son para todos» (precedido, para ser exactos, por el icono de una palmerita); cuya segunda frase alude a unas «vacaciones ideales», de las que se nos dice en seguida que consisten en («suenan a») «descanso, tumbona, etc.», «para la mayoría», y que, además, que consistan en eso, para esa «mayoría», «no está mal», ...; en un correo así, ¿qué te permite afirmar que lo de las vacaciones no es más que «un detalle» que ocultaría «el sentido del mensaje»?
¿Qué concepto de «sentido» estás manejando, exactamente? ¿Se trata de algo que iría más allá de lo escrito? ¿O bien existe un procedimiento que nos permitirá discriminar, dentro de eso escrito, lo que no sería «más que un detalle» de eso otro en lo que, por el contrario, consistiría «lo esencial»? Espero, desde luego, que, de existir, no se trate de un procedimiento metafísico. Y, si no es así (es decir, si no es metafísico), ¿de qué se trata, entonces? — es decir, ¿cuál es ese procedimiento?
Parece que pienses que, cuando uno lee algo, tiene que centrarse en «lo esencial», dejando de lado «lo accesorio». Comprendo lo que quieres decir, pero no estoy de acuerdo con ello, y por varias y muy buenas razones. La primera es que no puedo saber de antemano qué es «lo esencial» y qué «lo accesorio»; y, si no puedo saberlo, no dispongo de ningún modo de efectuar esa discriminación que tu propones. La segunda, íntimamente relacionada con esta primera, es que cualquier conocimiento previo que yo pueda tener sobre esa discriminación supone que ya estoy de acuerdo de entrada con el que enuncia o escribe, o con un cierto punto de vista sobre lo que propone el que enuncia o escribe. Es decir, estoy, en cualquier caso, bajo el efecto de un sobreentendido cómplice, con lo que se se vuelve imposible cualquier operación de lectura.
Pero la tercera razón por la que no estoy de acuerdo es, quizás, la más importante, y probablemente la que resultará más clara de entrada: si tengo que descartar «los detalles» y centrarme en «el sentido», eso significa que «los detalles» no son importantes o, lo que es lo mismo, que «lo importante» es «el sentido». Pero esto equivale a pensar que existe algo así como un «sentido» que es independiente de la forma (es decir, de «los detalles»). Y en esto, querida mía, no puedo estar, bajo ningún concepto, de acuerdo.
¿Por qué? Porque lo que tú has dicho equivale a afirmar que las cosas se pueden decir, pensar, escribir, sin importar la forma, es decir, de cualquier manera, ya que «los detalles» no son «lo importante». Es posible que en este punto te rebeles, y digas: «¡Pero si yo no pienso eso!». Si ello sucediese, yo te respondería en seguida: «Probablemente sea como tú dices y tú no pienses eso; observa con atención lo siguiente: en en ningún momento he aventurado hipótesis alguna sobre el contenido de tus pensamientos; lo que he afirmado, y lo sostengo con firmeza, es que lo que tú has dicho equivale lógicamente a otra cosa; no he dicho, ni tampoco pienso, que tú seas consciente de esa cosa, ni aún que la tengas en la cabeza».
Voy a ser más claro: ¿sabes dónde se pueden decir las cosas de cualquier manera? En LinkedIn. Está lleno de imbéciles que dicen cualquier cosa, de cualquier manera. A fin de cuentas, en este momento, la mayoría de lo que se publica ahí lo han escrito las IAs.
En este foro, en cambio, pues depende. Cuando uno habla con estereotipos, se arriesga a que alguien termine por señalárselo. No es agradable, claro, cuando eso sucede. Pero tampoco es culpa de los que te lo señalan, ¿verdad? Si te expresas con estereotipos, en LinkedIn te darán una Insignia de Excelencia, pero aquí, pues, en fin, a veces, se te tiran encima.
A mí, los estereotipos, es que me dan mucha grima. Creo que son francameente dañinos. Y precisamente porque no soy nada normalito (no quiero meterme en lo de la neurodivercosa), lo estereotipado siempre me ha parecido inhumano, malo, algo enfermo, a exterminar.
El estereotipo es la excelencia del inútil y el paraíso del mediocre.
Pero retomemos. Para ser sinceros, este foro tampoco es que sea ninguna maravilla, está también lleno de imbéciles, de mediocres, y de gente infatuada (sólo hay que ver las firmas que manda la gente, que parecen el currículum falso de un políticucho cualquiera) y, lamentablemente, muchos de sus miembros se expresan, también, empleando demasiados estereotipos. Además, no leo, ni mucho menos, todo lo que se escribe, ni tampoco me veo imbuido de una Sagrada Encomienda del Exterminio del Estereotipo.
Pero, de cuando en cuando... En este foro es así: no tienes garantía de que no se darán cuenta de que estás usando un estereotipo. Si quieres estar tranquilo, como ya he dicho, en LinkedIn se está muy bien.
En seguida termino. Pero no sin antes, como te he prometido, encargarme, brevemente, de otra cosita. Permíteme decirte que te considero muy osada por haberte referido, así, como un todo, a «la gente de este hilo». Me gustaría, además, preguntarte si lo has leído. Si lo has hecho, espero que te hayas dado cuenta de que no hay ninguna homogeneidad en él, ni ningún acuerdo previo, entre los que en él hemos escrito. Esther, por ejemplo, ha hecho una muy interesante contribución, bien extensa, donde discute, precisamente, el concepto de neurodivergencia. Ella se presenta como doctora, psicóloga sanitaria, psicoterapeuta, docente universitaria e investigadora, y nos explica que lleva investigando desde 1985 sobre las altas capacidades, un primo hermano de la neurodivercosa. ¿Te parece poco? ¿En qué sentido Esther no captaría «el sentido», o «sólo vería los árboles», sin «ver el bosque»?
Permíteme ser muy claro, por última vez: tu recurso a un colectivo que es un forzamiento, «la gente de este hilo», que «se quedan con el detalle», «en vez de entender»; tu bipartición, entre la mencionada «gente» y un «nosotros» implícito, en el que te sitúas junto a José Luis, para colocaros en una posición imaginariamente perjudicada, con una referencia a «la falta de comprensión a la que nos enfrentamos cada día», no es más que un puro y simple intento de manipulación emocional: «nosotros», los buenos, los que «entendemos», los que «tenemos que enfrentarnos, cada día, a la falta de comprensión», versus esa «gente», que «se quedan con el detalle», «en vez de entender»... ¡Uff!
En fin, para no repetirme, me volveré esquemático, y así termino de una vez por todas.
¡Yuyu! ¡Mal! ¡Peligro! ¡Caca!